VENUS, SÍGUEME Y VERÁS OTRA VERSIÓN DEL INFRAMUNDO (Parte 4)

Un saludo a todos los que leen estas crónicas, mi vida ha cambiado mucho en el último año, oficialmente soy huérfana; despedí a mi madre a finales del año pasado, algo doloroso teniendo en cuenta el proceso de su enfermedad y el gran apego que tenía hacia ella, pero pensándolo bien, ¿que seria de quienes nos gusta escribir sin el dolor?. Mi historia se sigue escribiendo y yo debo recuperar mi esencia, volver a Venus, volver a la pasión por vivir, por escribir y como nos gusta a los escorpiones… resurgir de las cenizas. Esta crónica se la dedico especialmente a Afrodita. Gracias Mamacita por retornar a nuestra vida!

Y cómo esto debe continuar, aquí está precisamente la continuación de una historia previamente empezada, espero que encuentren gratos algunos cambios en mi estilo que serán evidentes. 

Me gustaria que pusieran a rodar el link de la canción “slave to love” en el justo momento en que aparezca y que sigan leyendo. 

Besos humedos.. 

Viene de: http://venusyafrodita.com/interpretando-blues-con-la-piel-hercules-parte-3/

Luego de haberse redescubierto en Hércules, la cotidianidad de Venus cambio, había faltado a sus promesas y había vislumbrado una tibia luz en su alma, esa esencia febril que la envolvía, rememorando la niña inquieta y apasionada de siempre, ávida por la búsqueda de lo prohibido, cándidamente arriesgada y dispuesta a todo por deseo. 


El héroe de la fuerza y la diosa del amor se observaban largamente en la oficina, hablaban con parpadeos se palpaban a metros, sus ojos se encontraban en el epicentro mismo de la tormenta de las dudas que se apaciguaba cada vez que  alguno tomaba el teléfono para teclear un nuevo mensaje:

Venus: ya no se que hacer, cada vez que te veo me derrito 
Hércules: Mi bonita, como soportar estas ganas que tengo de besarte toda
Venus: Hércules, si eres real entonces eres un regalo, un secreto que guardo. Si no eres real entonces te inventé y soy la más lujuriosa de las esquizofrénicas.   
Hércules: Amo acariciar cada centímetro de tu cuerpo 
Venus: Añoro tu rostro de placer que ya tengo grabado en mi memoria. Hércules: Ya no me gustas un chingo, ahora te quiero un chingo

Cada mensaje era un delirio acompañado de un mudo gemido impronunciable,   también lo era cada roce furtivo cuando se cruzaban en cumplimiento del deber, por breve que fuese, el corrientazo era suficiente para envenenar su razón, poner carmín en sus mejillas, sentir cosquillas en el vientre y fuegos artificiales entre sus piernas. Tenía memorizados sus movimientos, sus intenciones y su provocación constantes. Delante de ella, él se llevaba la mano al mentón, sonreía, se soltaba el rojizo y encantador cabello largo y luego lo recogía de nuevo, buscando el ángulo perfecto para hacer de Venus la única receptora de la lujuria dibujada en su rostro, permitiendo que tratara de leer la vocalización de alguna  palabra incomprensible, pero invariablemente seguida del voluptuoso rose de sus dientes contra su labio inferior que inmediatamente la hacía evocar suavecitos mordiscos al mejor manjar de chocolate blanco bañado en velvet, ipso facto disparaba su olfato femenino poniéndola en la tarea del sabueso buscando la huella de la esencia silvestre que descubrió en él aquel martes; tan suya, varonil y candente.

Cualquier día Plutón se despidió temprano de su asistente dejándola en su escritorio culminado tareas, porque iba a atender a alguna “amiga” que le iban a presentar.  Varios minutos transcurrieron entre uno y otro quehacer: ella tomó unos postits y un lapicero, desconfiaba de su distraída memoria; los papelitos amarillos eran lucecitas de alarma que la centraban en el deber. Inconsciente, llevó la pluma a su boca meditando aplicadamente: “solicitar el cheque de…”, “llamar a…”. Su responsable concentración se vio  interrumpida por el sonido de unos pasos entrando a su área de trabajo, rogó al olimpo en pleno porque ese andar no fuese el retorno inesperado de su jefe, cortó su respiración expectante y ansiosa, se giró atónita en torno al tap tap tap que se aproximaba cada vez más, entreabrió la boca con el lapicero todavía posado entre los labios, entrecerró los párpados para visualizar mejor lo que parecía ser la silueta de… un hombre muy conocido para ella.

Hercules, aminoró el paso y sonrió, su mirada chispeante e impenetrable con ella en la mira, estaba solo, no titubeo cuando se detuvo justo enfrente y apoyó sus manos blancas y varoniles en el escritorio de ella, la observó fijamente, sus cejas instalaron en su rostro una depredadora expresión, luego, elevo su mirada  y volteo levemente su cabeza haciendo una mueca en dirección a la oficina de Plutón. 

La invitación fue clara, ella se levantó de su silla, embrujada, él prosiguió delante suyo en la ruta indicada y extendió tras de sí su mano, reafirmando la propuesta, ella aceptó alcanzando la punta de sus dedos y apretandolos valerosamente en sinónimo de su infinita confianza hacia él. 

Ya de frente en el lugar en el que tantas veces ella había sido destruida moralmente, cerraron la puerta a sus espaldas, se encontraban justo en donde Plutón había vociferado contra todo lo humano y lo divino haciendo uso de un ego elevado en el pedestal del dinero, pero empobrecido, en últimas, por su falta de sensibilidad hacia lo terrenal en virtud de su fascinación por el Hades. 

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Se vio en la necesidad de echar su cuerpo hacia atrás,  como consecuencia de la fiereza con la que él la asía de la cintura para atraerla hacia su cuerpo, él aprovechó esto para invadir de besos su desnudo cuello, bastaron solo unos segundos para denotar lo ansioso que se encontraba porque cada vez la apretaba más y más fuerte contra su cintura y su pelvis protuberante tibiamente anunciaba la intensidad reafirmada por el el ritmo de su respiración que iba en ascenso. Se olfateaban como lo hacían durante todo el día buscando en el otro ESE detonante, pero claro, esta vez con el acelerado ritmo cardiaco que envuelve el regocijo de haberlo encontrado. Como los cerillos contra el rastrillo de la cajita que los contiene buscando ser encendidos.

Ella avanzó rodeada por sus brazos en dirección del sofá, abandonando los zapatos de tacón alto a su paso y perdiendo altura, haciéndose más vulnerable y por ende sintiéndose más excitada. La frecuencia acelerada de las pulsaciones era evidente cada vez que sus pechos se estrellaban en cada beso, era una especie de ritual en el que estaban significando que Plutón nunca jamas tendria sus almas que volaban clandestinamente cada vez que se encontraban, porque  compartían el mejor de los secretos; de respiraciones entrecortadas, roces llenos de adrenalina en su sexo y palpitaciones paralizantes en su razón. 

Hércules podía tener a Venus sin mentiras, sin velos , sin manipulaciones, por la sencilla y basta razón de ser quien era, ¿acaso existía una explicación más exacta a aquella fascinación muda?, al diálogo con roces, tatuandose al otro entre delirios y evocaciones, desear poder poseer el tiempo y suspenderse en la gloria misma de cada espasmo, alimentando ansias día a día de un romance perfecto porque se leían entre parpadeos, ya no habría futuro que superarse ese presente lleno de mágico magnetismo, cargado de sincera atracción. 

Término poniéndola frente a sí de espaldas y ella poso sus antebrazos en el sofá porque era consciente de que esta vez se perdería el deleite de ver el rostro de placer Hércules, pero en compensación podría sentir como la invadiria por completo, se sentía libre siendo su presa y su esclava, porque él ya la poseía entera. Todo su poder entró en ella sin tregua, dolorosamente incandescente, perturbador y dulce. Superando cualquier sueño o el insomnio pensativo en que a veces se sumergía tocando su sexo. Ella quería quedarse en ese instante llena de su dios etéreo desde esa noche y para siempre, entre jadeos mudos y ropa desperdigada en el oficina del amo del infierno, para escribir una nueva historia después de tanto tiempo de haber olvidado protagonizar su mundo … a su manera.

La inundo por dentro, ella perdió las pocas fuerzas que le quedaban, pero él la sostenía como si de ello dependiera su poder, ella mordía el cuello de su blusa abierta para no gritar y el ahogaba sus propios gemidos apretando las nalgas de Venus que tenía las medias pantalón en la rodilla. Hércules antes de la embestida final presa de un momento de locura toma el cabello recogido de ella con una mano y la hala hacia sí violentamente diciéndole “dame todo lo que tengas, muéstrame cuánto me deseas” mientras ella gritaba ya sin control  y juntos dieron paso a una descarga húmeda en el brazo del sofá.

Para qué detallar lo que sucedio despues o como Venus seguía temblando en el taxi de regreso a casa una hora y media después de despedirse de Hércules desprevenidamente en la calle, porque Plutón tenía ojos en la noche. Se sentía desgarrada, amada, renovada y deseada como nunca en la vida, esa noche hubiera dejado todo por poder dormir junto a Hércules para terminar de aprenderse cada curva y cada nota de su piel, pero los deseos no son completos y algunos se realizan a medias aunque con toda la intensidad. 

Venus

4 Comments

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