A las mujeres nos encanta masturbarnos… bueno casi a todas…!

Fantasía …

Desnuda, débil, ansiosa
arrimo el cuerpo al bosquejo
de tu imagen.

Con la fantasía diluida en la piel
contemplas silencioso la cercanía
el calor sudado que expelen mis poros.

Lento, abro mi boca, un volcán consume
seca esta ansiedad y suplico más.

Más de esta angustia derrochadora,
más de este puñado apocalíptico
más de este misterio.

Una fugaz eternidad humedece
el racimo de mis entrepiernas
y condensada busco en la aurora
un apellido para este sueño.

Sutil, desnuda, débil, semi plena,
semi complacida, masturbada contemplo
mis dilatadas pupilas frente al espejo
que silencioso no dice nada.

Silvia Rodríguez Bravo

Por Afrodita.

Si me pongo a analizar las una y mil razones por las cuales me encanta masturbarme, creo que no alcanzaría la noche entera para enumerarlas. Pero en realidad me masturbo cuando siento aburrimiento, o tal vez porque deseo dormir toooooda la noche, o quizás porque la falta de sexo por algún tiempo me desespera. En ocasiones porque me encuentro sola y se me viene a la cabeza la escena de alguna película con aquel sex symbol del momento, o un recuerdo de alguna faena sexual deliciosa. O porque tengo pereza de levantarme y solo masturbándome tomó las fuerzas para decir ya no mas pereza. También porque me encanta me gusta mirar porno, y en realidad, porque tengo un sin numero de razones para hacerlo.

Como conté (ver los inicios de Afrodita), desde muy chica, con tan sólo 8 años, me encantaba masturbarme, aun si saber que era ese momento tan mágico que me hacia volar. Y al igual que ahora, encontraba una y mil excusas para sentir tantas sensaciones que me producían el hecho de tocar para ese entonces, mi incipiente e inmadura vagina. Adoraba ver cualquier escena erótica de la época, de alguna película o alguna novela, lo más erótico, «Los pecados de Ines de Hinojosa». Oh si, recuerdo esa escena en que Margarita Rosa de Francisco y  Amparo Grisales, tienen un insinuante roce sexual. Esa escena daba vueltas una y otra vez en mi cabeza, siendo la musa inspiradora en varias ocasiones para mi auto complacencia cuando era chica. Y aunque para el día de hoy, cualquier escena que en aquellos días me provocaba tanto morbo y tanto deseo de masturbarme, hoy podría definirse simplemente como una pequeña escenita romántica y de besos entre amantes jaja!. Ademas de mi precoz deseo por el sexo, las cosas que pasaban a mi alrededor tampoco ayudaban a mermarlo si no que por el contrario, alborotaban aún mas esa llamarada incandescente que con los años se iba apropiando más de mi ser.

Mi contacto con algunas revistas pornográficas de esos días, eran inevitables, ya que pasaba algunas temporadas donde una tía, sobretodo en vacaciones, y gracias a la colección de ediciones que tenían mis primos (eso sí, a escondidas jeje). Veía cuanta publicación salía. Ellos trababan de esconderlas, obviamente de su madre, pero lo que no sabían era que yo lograba descubrir su escondite secreto. Eso era como abrir un baúl lleno de tesoros para mi. Esto era lo más cercano a la pornografía en aquellos días, ya que el internet aún no daba ni señales de humo y las películas para betamax, sólo las podían alquilar los adultos, así que, nombres como «Sueca, Penthhouse y Playboy», se que quedarían grabados en mi memoria por siempre. Recuerdo perfectamente que detrás de mi casa, existía un parque muy escondido, alejado de las miradas de los vecinos. Sólo la ventana de mi cuarto daba una panorámica perfecta, para ser espectadora, tenía pastales donde las parejas se escondían para dejarse llevar por el deseo de sus cuerpos fogosos y llenos de lujuria. Yo como espectadora vi un par de veces el encuentro sexual de dos de enamorados. También recuerdo que en varias oportunidades en el mismo parque escondido y solitario, vi como un hombre oculto entre la maleza, se masturbaba una y otra vez. Y yo, con tan solo 9 años de edad, observaba por primera vez un pene en erección. Mi primera sensación fue de miedo absoluto, con una mezcla de ansiedad. Mi corazón se aceleró demasiado, como cuando sabes que tu mamá o tu papá, te van a castigar por algo. Entonces pensé: -Es esto malo? Yo creo que si? o no? igual me gusta lo que siento!- Y seguía mirando con mucho morbo y excitación. Recuerdo que las ocasiones en que vi a aquel hombre, sentía como mi vagina se humedecía y me pedía a gritos que la tocara, hasta saciar el deseo que esa escena me producía. (ahora pienso: – Sexo en vivo, jajaja!) Hasta el día que aquel hombre se dio cuenta que tras esa cortina de velo se escondía alguien que sigilosamente lo vigilaba, fue el último instante en que lo vi. Aveces pienso que esas escenas no eran tan sanas como parecían. Pero una niña de 10 años no lograba entender la diferencia o tal vez en el fondo no la deseaba entender. Es más, hoy en día aun siento confusión, si las múltiples sensaciones que me producían ver aquel hombre eran o no normales para una niña de mi edad.

Hubo un tiempo que no me masturbe tanto como antes, ya que me puse a buscar libros que hablaban de ello y algunos iban en contra de la masturbación (seguramente libros escritos por alguna secta religiosa) otros por el contrario la defendían, así que decidí parar por un tiempo. No mucho, eso sí!. Creo que un par de meses, fueron suficientes para decir: –que hago? amo masturbarme, por la razón que sea!- Me hubiera enloquecido donde hubiese pasado más tiempo. Luego leí de nuevo los libros en donde afirmaba que la masturbación era algo natural y practicado por culturas egipcias y grecorromanas, al menos entre las clases dominantes, un alto grado de liberalidad sexual, tanto así, que hay referencias a cultos fálicos y a masturbaciones en grupos durante las fiestas; Así que atrás quedaron esos pensamientos y prejuicios donde sentía culpabilidad. Bueno y aunque en ocasiones intentaron volver, no dejé que se apropiaran de mi mente.

Hoy sé que no soy la única que le encanta masturbarse, cada día encuentro mas mujeres que lo dicen con orgullo, -¿si, lo hago y me encanta, es mi encuentro conmigo misma!-. Como también me encuentro con otras, que lo niegan hasta la muerte. Que niegan haber visto porno y haberse masturbado viendo alguna escena de sexo. O que dicen cosas como: -«Yo no me masturbo porque no tengo la necesidad de hacerlo”, “Solo las perras se masturban”, “Se masturba porque está enferma”. ¿Quien dijo que masturbarse es una necesidad?… y en fin, un sin número de adjetivos y significados inventados ya que que ninguno es cierto ni real. Solo existe en la cabeza de aquellas personas y mujeres que no son capaces de asumirse. Por Diooooos, por miedo a que?, a ser juzgadas?, tildadas?… noooo, por favor, debemos dejar atrás esos prejuicios absurdos e irracionales, para dar paso a nuestra esencia, a nuestro ser. No hay nada de malo en decir, ME MASTURBO CON ORGULLO. A quien le hago daño diciéndolo y aceptándolo. A nadie, soy yo!, es mi cuerpo es mi sentir. Me siento feliz, y plácida al poder gritarlo; no mas al tabú con este tema, basta mujeres, de no asumirlo, basta de ocultarles a los hombres que en realidad nos encanta el sexo, incluso a veces más que a ellos.

Me despido de ustedes con este escrito que tanto he disfrutado, diciéndoles las que nos encanta masturbarnos: que los sigamos haciendo, por la motivación que sea; ya que en gran parte eso nos hace sentir libres y plácidas… Y para aquellas mujeres que no se masturban, porque no les gusta, porque no sienten esa necesidad, porque creen que es pecado, porque es una perdida de tiempo, porque tienen un macho alfa 100% complaciente a su lado o sencillamente porque no y punto, con todo el respeto del mundo les digo: no juzguen a aquellas que si encontramos satisfacción es esa actividad de autocomplacencia que tanto adoramos. El ser humano tiende a juzgar al otro sin tener claro que esto no lo hace mejor persona, ni lo va a convertir en salvador, ni en héroe o heroína. Tengan claro algo por favor, si bien, a ustedes les cuesta entender aquello que nos motiva a sentir el deseo inmenso de masturbarnos y las razones que tenemos para hacerlo, nosotras tampoco entendemos la falta de motivos, o mas bien las mil excusas que tienen para no hacerlo. Y simplemente, no saben de lo que se pierden…

Con amor

Afrodita

 

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